Se lanza con entusiasmo. Se revisa toda la primera semana. Al mes, nadie lo abre. Es la historia de casi todos los dashboards.
Solemos culpar a los datos: incompletos, desactualizados, difíciles de leer. Pero el problema suele estar antes. El dashboard se diseñó para mostrar información, no para ayudar a decidir.
Empezá por la decisión, no por el gráfico
Antes de elegir una sola métrica, hacemos tres preguntas:
- ¿Qué decisión va a tomar alguien con esto?
- ¿Cada cuánto la toma?
- ¿Qué tendría que ver para actuar distinto?
Si una métrica no responde a ninguna de esas preguntas, no va. Así de simple.
Menos pantallas, más claridad
Un buen dashboard se parece más a una conversación que a un reporte. Muestra lo que cambió, por qué importa y qué conviene mirar después. Cuando el diseño acompaña la decisión, el dashboard deja de ser un archivo y se vuelve una herramienta.
¿Tu equipo vive algo parecido?
Hacemos un diagnóstico del flujo y te mostramos qué se puede liberar.